¿Cómo aprende a caminar un bebé? El camino hacia los primeros pasos
Cada bebé aprende a caminar a su propio ritmo
Antes de dar sus primeros pasos, el bebé pasa por un proceso lleno de pequeños descubrimientos. Aprende a controlar su cuerpo, gana fuerza, mejora su equilibrio y, poco a poco, va adquiriendo la confianza necesaria para desplazarse de manera independiente. Caminar no aparece de un día para otro. Es el resultado de muchas experiencias previas en las que el bebé se mueve, prueba, pierde el equilibrio, vuelve a intentarlo y descubre nuevas formas de desplazarse. Después del gateo, o incluso siguiendo otros caminos de movimiento, es habitual que empiece a explorar el mundo desde una nueva perspectiva: de pie.
El camino hacia la marcha independiente
1. SE PONE DE PIE CON APOYO
Descubre que puede levantarse utilizando un mueble, una superficie estable o el apoyo de un adulto.
2. EXPLORA DE PIE CON UNA MANO APOYADA
Poco a poco empieza a soltar una mano para alcanzar objetos y explorar lo que tiene alrededor.
3. SE DESPLAZA DE LADO AGARRÁNDOSE A LOS MUEBLES
Aparece la deambulación lateral: se mueve de un lado a otro mientras utiliza los muebles como apoyo.
4. SUBE OBSTÁCULOS Y PRACTICA UNA Y OTRA VEZ
Pequeños desniveles, cojines, escalones o diferentes superficies le ofrecen nuevas experiencias. Cada intento le ayuda a mejorar su coordinación y a conocer mejor sus posibilidades.
5. SE DESPLAZA ARRASTRANDO OBJETOS
Empieza a experimentar con objetos que puede empujar o arrastrar mientras mantiene el equilibrio y se desplaza.
6. CONSIGUE MANTENERSE DE PIE SIN APOYO
Este es un paso importante. Al quedarse de pie sin sujetarse, empieza a poner en práctica sus reacciones de equilibrio y aprende a realizar pequeños ajustes para mantenerse estable.
7. DA SUS PRIMEROS PASOS CON EL APOYO DE UNA MANO
Ya no necesita estar completamente sujeto. Puede caminar mientras mantiene un pequeño punto de apoyo.
8. SE AGACHA Y SE LEVANTA SIN CAERSE
Esta capacidad requiere mucho control del cuerpo. Agacharse para recoger algo y volver a ponerse de pie es también una forma de practicar el equilibrio y la coordinación.
9. CAMINA DE LA MANO DE UN ADULTO
Puede desplazarse por el entorno acompañado, explorando cada vez más y ganando confianza.
10. LLEGAN LOS PRIMEROS PASOS SIN APOYO
Al principio pueden ser pocos, inseguros y separados entre sí. Poco a poco, esos pasos serán más frecuentes y estables hasta convertirse en una marcha cada vez más autónoma.
Durante este proceso también es habitual que, durante un tiempo, el bebé camine de puntillas. Al principio puede formar parte de la experimentación y de la búsqueda de equilibrio mientras aprende a organizar su cuerpo y a controlar sus pasos. Lo importante es observar cómo evoluciona y si, poco a poco, va incorporando diferentes formas de apoyar el pie.
No todos los bebés siguen el mismo camino
Aunque estas etapas pueden ayudarnos a entender cómo evoluciona la marcha, no todos los bebés las siguen exactamente en este orden ni las alcanzan a la misma edad. Algunos gatean mucho tiempo antes de ponerse de pie. Otros se desplazan de otras maneras. Algunos empiezan a caminar antes y otros necesitan más tiempo para sentirse preparados. Y todo esto puede formar parte de la normalidad.
Por eso, en nuestra consulta nos gusta observar el proceso y no únicamente el resultado. No buscamos que un bebé camine cuanto antes, sino que tenga las oportunidades necesarias para desarrollar las habilidades que necesita para hacerlo.
Para acompañar este proceso...
Desde nuestro punto de vista, lo más importante es ofrecer al bebé tiempo, espacio y libertad para moverse.
Podemos preparar un entorno seguro en el que tenga posibilidades de levantarse, desplazarse, agacharse, subir pequeños obstáculos y experimentar con diferentes movimientos. No necesitamos colocarle constantemente de pie ni llevarle de las manos para enseñarle a caminar. Muchas veces, lo que necesita es simplemente tener la oportunidad de practicar y descubrir por sí mismo cómo organizar su cuerpo.
Cada pequeño avance cuenta. Un día aprende a levantarse. Otro descubre cómo desplazarse de lado. Después consigue mantenerse unos segundos sin apoyo… hasta que, casi sin darnos cuenta, aparecen esos primeros pasos. Y detrás de cada uno de ellos hay mucho aprendizaje.
Aprender a caminar requiere fuerza, equilibrio, coordinación y, sobre todo, muchas oportunidades para experimentar. Por eso, cuando acompañamos a las familias, les animamos a observar, a confiar y a permitir que el bebé explore a su propio ritmo.
No necesitamos adelantar el proceso. Necesitamos ofrecerle las condiciones para que pueda descubrirlo. Y si en algún momento surgen dudas sobre cómo se mueve, cómo evoluciona o si el desarrollo de la marcha está siguiendo un proceso adecuado, podéis consultarnos. Valoraremos cada caso de manera individual y os acompañaremos para entender mejor lo que está ocurriendo.
Porque aprender a caminar no es solo llegar a dar el primer paso. Es todo el camino que el bebé recorre para sentirse capaz de darlo.
¿Cómo cambian las piernas de los peques? Una guía para entender su desarrollo
Cuando observamos las piernas de un bebé o de un niño pequeño, es normal que nos llamen la atención algunos cambios en su forma o en la manera de caminar. A veces vemos las piernas más arqueadas, después las rodillas parecen acercarse y, con el paso de los años, la alineación va cambiando de nuevo.
Estos cambios forman parte del desarrollo natural de las piernas durante la infancia.
Como especialistas en pediatría, nos gusta explicar a las familias que no debemos esperar que las piernas de un bebé tengan desde el principio el mismo aspecto que las de un adulto.
Durante los primeros años de vida, los huesos, las articulaciones, la musculatura y la forma de moverse van evolucionando. Por eso, cuando acompañamos a una familia, no nos fijamos únicamente en cómo son las piernas en un momento determinado. Nos interesa observar cómo están evolucionando, cómo se mueve el niño o la niña y si los cambios siguen un patrón esperado para su edad.
RECIÉN NACIDOS/AS: unas piernas arqueadas y flexionadas.
Al nacer, es habitual que los bebés tengan las piernas bastante flexionadas y arqueadas hacia fuera. Esta postura tiene mucho que ver con la posición que han mantenido durante los meses de gestación. Su cuerpo todavía está adaptándose a un nuevo espacio y a nuevas posibilidades de movimiento. Por eso, si al mirar a un recién nacido vemos sus piernas arqueadas, no debemos pensar automáticamente que existe un problema.
En esta etapa, observamos al bebé en su conjunto, su movilidad y la simetría de sus movimientos, teniendo en cuenta que su cuerpo todavía está madurando.
DURANTE EL PRIMER AÑO: empiezan a ponerse de pie y caminar.
Cuando el bebé empieza a ponerse de pie y posteriormente a caminar, sus piernas todavía pueden mantener cierto aspecto arqueado. Además, sus primeros pasos tienen unas características muy diferentes a las de un niño que ya lleva tiempo caminando.
Es habitual que camine con una base de sustentación amplia, separando bastante los pies para buscar estabilidad, ya que su equilibrio todavía está madurando. En esta etapa, para nosotras es especialmente importante recordar que aprender a caminar es un proceso, no algo que tengamos que enseñar al niño colocando sus piernas o guiando constantemente sus pasos.
Debe tener oportunidades para moverse, levantarse, agacharse, cambiar de posición y desplazarse de la manera que vaya descubriendo.
El movimiento libre también permite que vaya desarrollando sus propias estrategias para mejorar el equilibrio y controlar progresivamente su cuerpo.
ENTRE DOS Y TRES AÑOS: las piernas van cambiando.
A medida que el niño crece, la alineación de las piernas continúa modificándose y puede acercarse progresivamente a una posición más neutra.
Es una etapa en la que vemos cómo cambia la forma de estar de pie, caminar, correr y relacionarse con el espacio.
Por eso, debemos valorar la evolución de cada peque y ver si los cambios que presenta son coherentes con su momento de desarrollo.
ENTRE TRES Y CUATRO AÑOS: las rodillas pueden acercarse.
En torno a estas edades puede aparecer una etapa de genu valgo, es decir, las rodillas tienden a acercarse mientras los pies quedan algo más separados.
Para muchas familias, este cambio puede resultar llamativo. Es frecuente que aparezca la preocupación cuando observan que su hijo o hija camina con las rodillas más juntas o que la forma de sus piernas parece haber cambiado bastante. Sin embargo, esta fase puede formar parte del desarrollo normal y suele presentarse de manera bastante simétrica.
Por eso, ante una observación de este tipo, nuestra recomendación no es intentar corregir la posición de las piernas por nuestra cuenta, sino observar su evolución y consultar si tenemos dudas.
ENTRE SEIS Y OCHO AÑOS: la alineación se estabiliza.
Con el crecimiento, la alineación de las piernas continúa evolucionando hasta acercarse progresivamente a la del adulto.
En torno a los 6-8 años, esta alineación suele estar mucho más establecida y podemos observar una forma de las piernas más parecida a la que tendrá durante el resto de su crecimiento.
Esto nos ayuda a entender algo que considero fundamental: las piernas de un niño no tienen por qué mantener siempre la misma forma durante sus primeros años de vida. El cuerpo cambia, se adapta y madura.
DEBEMOS TENER EN CUENTA QUE...
No todos los niños siguen exactamente el mismo ritmo.
Una de las cosas que más me gusta transmitir a las familias es que no debemos comparar a unos niños con otros. Puede que dos peques tengan la misma edad y presenten una alineación ligeramente diferente. También pueden encontrarse en momentos distintos de su desarrollo motor. Cada niño y cada niña tienen su propio ritmo. Por eso, en consulta no me quedo únicamente con una fotografía de cómo son sus piernas ese día. Me interesa conocer su historia, observar cómo se mueve, cómo camina, cómo utiliza su cuerpo y cómo ha ido evolucionando.
Nuestro objetivo es diferenciar aquello que forma parte de una variación normal del desarrollo de aquello que puede necesitar una valoración más específica.
Y si en algún momento tienes dudas sobre la forma de las piernas de tu bebé o de tu hijo o hija, sobre su manera de caminar o sobre su desarrollo motor, puedes consultarnos cuando lo necesites. Estaremos encantados de valorar su caso de manera individual y acompañarte para que puedas entender mejor qué está ocurriendo y cómo podemos ayudarle.
Movimiento libre en bebés de 0 a 12 meses
Cuando hablamos de desarrollo motor en los bebés, en nuestra consulta damos mucha importancia a algo que puede parecer muy sencillo: ofrecerles tiempo, espacio y libertad para moverse. Durante los primeros meses de vida, el bebé está descubriendo su propio cuerpo. Cada movimiento, cada giro y cada intento de cambiar de posición son oportunidades para experimentar, aprender y descubrir de lo que es capaz. Desde nuestra manera de trabajar, creemos que no necesitamos colocar constantemente al bebé en determinadas posiciones ni hacer por él aquellos movimientos que todavía no ha conseguido realizar. Preferimos ofrecerle las condiciones necesarias para que pueda descubrirlos por sí mismo, respetando su ritmo y sus capacidades.
Aprender a través del movimiento.
Para desarrollarse, un bebé necesita algo tan sencillo como poder moverse libremente, intentar, equivocarse y volver a intentarlo. Cuando tiene la oportunidad de explorar, el movimiento se convierte en una experiencia propia. Aprende a sentir su cuerpo, a descubrir qué puede hacer y a encontrar diferentes maneras de conseguir aquello que se propone. Por ejemplo, cuando está boca abajo, descubre nuevas sensaciones, experimenta con sus apoyos, fortalece progresivamente su cuerpo y empieza a conocer sus posibilidades. Poco a poco, explora, gira, cambia de posición y descubre nuevas formas de relacionarse con el espacio. Así, sin que tengamos que colocarle constantemente, va encontrando sus propias estrategias para llegar a cada posición. Para nosotros, este proceso es tan importante como alcanzar el resultado. No se trata únicamente de que el bebé consiga sentarse, girarse o desplazarse, sino de que pueda participar activamente en el camino que le lleva hasta allí.
Nuestro papel: acompañar sin hacer por él.
Como adultos, es natural que queramos ayudar. Cuando vemos que un bebé intenta alcanzar algo o llegar a una posición, podemos sentir la necesidad de facilitarle el movimiento. Sin embargo, en nuestra consulta creemos que acompañar no significa hacer por ellos. Nuestra función es observar, conocer las capacidades de cada bebé y ofrecerle oportunidades para experimentar. No buscamos acelerar su desarrollo, sino favorecer que pueda desarrollarse respetando su propio ritmo. Por eso, animamos a las familias a observar antes de intervenir:
¿Qué puede hacer ya?
¿Qué está intentando?
¿Qué le interesa?
¿Tiene suficiente espacio para explorar?
Muchas veces, lo que necesita no es que hagamos el movimiento por él, sino simplemente tiempo y oportunidades para intentarlo. Esto no significa que debamos permanecer al margen ante cualquier dificultad. En nuestra consulta valoramos a cada bebé de manera individual y, cuando consideramos que necesita ayuda, intervenimos de la forma que creemos más adecuada. El movimiento libre no significa ausencia de acompañamiento. Significa saber cuándo ayudar y cuándo dejar espacio para que el bebé descubra por sí mismo.
Crear un espacio que le permita moverse.
Para que el bebé pueda explorar, también necesitamos cuidar el entorno.En nuestra consulta damos mucha importancia a ofrecer un espacio seguro, confortable y adaptado a sus capacidades, donde pueda moverse con libertad y siempre bajo la supervisión de un adulto.Un espacio amplio, despejado y preparado para el movimiento ofrece al bebé la posibilidad de cambiar de posición, experimentar con sus apoyos y desplazarse cuando empiece a descubrir nuevas formas de hacerlo.No se trata de dejarle solo ni de desentendernos de lo que hace. Al contrario: estamos cerca, observamos y le ofrecemos seguridad, pero evitamos interferir constantemente en movimientos que puede descubrir por sí mismo.
Cada bebé tiene su propio proceso.
Durante los primeros 12 meses, el desarrollo motor cambia muchísimo. El bebé va descubriendo sus manos, controla progresivamente la cabeza, experimenta con diferentes apoyos, aprende a girarse y encuentra nuevas formas de cambiar de posición y desplazarse. Pero no todos los bebés siguen exactamente el mismo camino ni lo hacen al mismo ritmo. Por eso, en nuestra consulta no entendemos el desarrollo motor como una carrera en la que todos los bebés deben alcanzar determinadas posiciones en un momento concreto. Nos interesa observar cómo evoluciona cada uno, qué capacidades tiene y cómo va construyendo sus propios movimientos. Cuando existe una dificultad o algo nos preocupa, lo valoramos de manera individual. Y cuando el bebé simplemente necesita más tiempo para descubrir una habilidad, procuramos que tenga las oportunidades necesarias para hacerlo.
Confiar también es acompañar.
Para nosotros, el movimiento libre es una manera de entender y acompañar al bebé. Significa confiar en sus capacidades, permitirle experimentar y comprender que aprender a moverse implica probar, equivocarse, cambiar de estrategia y volver a intentarlo. Por eso, en nuestra consulta no buscamos hacer más por el bebé, sino crear mejores condiciones para que él pueda hacer por sí mismo. Le acompañamos, le observamos, adaptamos el entorno y estamos disponibles cuando necesita nuestra ayuda. Pero también respetamos esos momentos en los que necesita explorar sin que nos adelantemos a sus movimientos. Nuestra función no es hacer el movimiento por él, sino ofrecerle el tiempo, el espacio y la libertad para descubrirlo. Porque acompañar no es colocar, dirigir o hacer por ellos. Acompañar es estar presentes, ofrecer seguridad, respetar sus tiempos y confiar en todo lo que pueden llegar a descubrir por sí mismos.



